Inutilidad del examen ejecutivo cardiovascular

Los centros médicos líderes o más importantes de Estados Unidos (y por réplica de muchos países) ofrecen desde hace varios años un chequeo o examen general particularmente cardiovascular denominado “ejecutivo” por estar dirigido a atraer los jefes o gerentes de empresas.

En principio, la intención del examen ejecutivo es preventiva o de detección precoz de problemas cardiovasculares, que tratados a tiempo, prolongarían la vida a los ejecutivos.

Sin embargo, muchos han cuestionado los beneficios del chequeo ejecutivo. Un grupo de investigadores de Washington University School of Medicine de St. Louis, Missouri, Estados Unidos, liderados por los cardiólogos doctores Alan Ge y David L. Brown, evaluaron las pruebas de diagnóstico y los procedimientos cardiovasculares que ofrecen en programas ejecutivos los hospitales de más alto rango en cardiología del país del Norte (Cleveland Clinic, Mayo Clinic, Cedars-Sinai, Presbyterian NY, Mass. General de Harvard, Johns Hopkins, Methodist de Baylor en Houston y otros).

En conclusión, los hospitales del más alto rango ofrecen, como parte de programas ejecutivos de cardiología, pruebas diagnósticas que no son recomendadas por las guías actuales para uso indiscriminado en individuos asintomáticos.

La premisa en la cual se basa el uso de esas pruebas, es que los resultados pueden ayudar a reducir la mortalidad por enfermedad cardiovascular mediante detección más temprana o evaluación más precisa del riesgo. Sin embargo, no hay datos que soporten esa premisa de acuerdo con las guías de mayor importancia.

Los programas ofrecidos incluyen 12 pruebas cardiovasculares más electrocardiograma de reposo, ultrasonografía de la aorta abdominal, puntaje de calcio cardiaco, prueba cardiaca de esfuerzo (más electrocardiograma o ecocardiografía), consejería cardiovascular, ultrasonografía de la arteria carótida, espesor de la capa íntima-media de la carótida, escanograma de tomografía computadorizada de las coronarias, consulta de ejercicio, panel lipídico, lipoproteína (a) y tamización vascular.

El costo de un programa cardiovascular ejecutivo puede ir desde 1.000 hasta 25.000 dólares.

En otras palabras, esas pruebas costosas (no cubiertas usualmente por los seguros) que pueden implicar riesgo, sobre todo si se remontan a procedimientos como cateterismo cardiaco, son una pérdida de tiempo, de dinero y no contribuyen a la salud.

Además, anota el BMJ, los exámenes ejecutivos establecen un sistema de salud discriminatorio por ser de dos niveles: el de los ejecutivos con dinero y el de los menos afortunados que no pueden acceder a los programas diseñados para poderosos.

Los autores del estudio anotan que, siendo los hospitales mencionados centros docentes, le dan un mensaje equivocado a los estudiantes sobre una buena medicina. El realizar pruebas innecesarias viola, dicen los autores, el principio ético de “primero no hacer daño” ya que las pruebas o tratamientos mal indicados pueden ser causa de daños, riesgos físicos o psicológicos evitables que pueden derivarse de resultados falsos positivos.

Concluyen los autores expresando que los programas ejecutivos no son consistentes con los objetivos de atención en salud de proveer una atención basada en evidencia en equidad y costo-eficacia.


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