Secuelas crónicas de COVID-19 deben ser reconocidas y tratadas

En nuestras páginas hemos insistido en la importancia del seguimiento a largo plazo o al menos por un tiempo prolongado (pocos días, semanas o hasta meses) de los pacientes que han superado la fase aguda o crítica o simplemente las manifestaciones generales de COVID-19.

Por razones que es fácil entender los esfuerzos se han concentrado en el diagnóstico y en el manejo del síndrome respiratorio agudo que obliga la hospitalización, en muchos casos el manejo en la UCI con ventilación mecánica y con otras medidas destinadas a salvarle la vida al paciente.

Y a fe que se ha avanzado mucho en el conocimiento de los tratamientos intensivos, demostrado por la disminución en la mortalidad de las primeras fases de la pandemia.

En segundo lugar, la atención de los clínicos ha estado centrado en el diagnóstico y en el manejo general, inclusive ambulatorio o en casa de los casos leves o moderados.

Finalmente, como era de esperar, los esfuerzos de un grupo muy distinguido de especialistas se han concentrado en la epidemiología de la enfermedad, en el diagnóstico mediante pruebas de laboratorio y en el tratamiento de complicaciones de diversa índole y en las estrategias para contener la diseminación del virus. Por otra parte, en el desarrollo de vacunas y de fármacos o biológicos eficaces.

Al presentar cada día el progreso epidemiológico de la enfermedad se hace siempre alusión a los nuevos casos diagnosticados y de los casos recuperados, así como de los fallecidos como consecuencia de la infección por SARS-CoV-2 y la miríada de problemas asociados al letal virus.

Cuando se habla de “recuperados” el lego en la materia entiende que el paciente superó los síntomas y complicaciones y ha recuperado su salud y retornado a sus actividades habituales. Sin embargo, en contraste con muchas otras enfermedades, la recuperación dista mucho de ser completa en numerosas instancias.

El problema radica en que una cosa piensa quien le aplica el rubro de “recuperado” y lo que siente el paciente que padece síntomas que afectan la calidad de vida y en muchos casos hace que se le califique de “paciente funcional” por no decir neurótico o psicosomático.

El caso típico es el paciente que habiendo superado los síntomas respiratorios continúa padeciendo respiración corta, dificultad para desplazarse una distancia razonable, sintiéndose mareado.

El problema es que con frecuencia el médico le dice que va bien y no le ofrece una respuesta a su problema. La sintomatología respiratoria puede ser duradera y prolongarse al menos por algunos días o semanas, como se mencionó.

Otros pacientes se quejan de dolor en el pecho, agotamiento o taquicardia y algunos son incapaces de trabajar o de practicar deportes que antes eran fáciles. En ciertos casos el paciente acusa dolores musculares o articulares que con frecuencia se asocian al agotamiento físico o mental.

Algunos se quejan de cefalea persistente o recurrente y de abotagamiento o pesadez en la cabeza que les impide realizar sus tareas mentales habituales. Pierden el deseo o el interés de ocuparse.

En unos cuantos casos, por razones desconocidas, puede haber recurrencia de picos febriles transitorios.

Es evidente que no sentirse bien cuando COVID-19 se ha superado en la opinión de los médicos genera o agrava en los pacientes ansiedad y en algunos depresión.

Huelga decir que cuando el paciente en la fase activa de la enfermedad presentó problemas cardiacos, renales, gastrointestinales o neurológicos es frecuente que el médico esté alerta y que haga un adecuado seguimiento del paciente.

Son los pacientes que presentan síntomas vagos, poco definidos y acompañados de manifestaciones como ansiedad o depresión, cuando el médico puede optar por ofrecer palabras que buscan animar al paciente y tiende a decirle que está recuperado, aumentando su frustración.

Tanto las secuelas más graves, cardiacas por ejemplo, como aquellas que parecen funcionales o psicosomáticas deben ser seguidas con atención y cubrir el espectro de secuelas para en verdad lograr que el paciente se ha recuperado.

En los meses por venir con seguridad veremos que muchos pacientes tienen razón en padecer síntomas crónicos o al menos prolongados de COVID-19.


Jorge E. Maldonado

  • Editor Jefe Publicaciones ILADIBA.
  • Miembro de Número de la Academia  Nacional de Medicina.
  • Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976).
  • Profesor Visitante Universidad de París VII (1975).
  • Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987).

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