Treinta y cinco años de ILADIBA

La Educación Médica Continua ha sido una necesidad prioritaria desde hace muchos años cuando las sociedades científicas europeas y estadounidenses desarrollaron publicaciones periódicas de actualización. Luego surgieron revistas médicas promovidas por empresas editoriales, algunas familiares y otras institucionales que tenían el mismo objetivo: informar al médico y a los profesionales afines sobre los avances y actualidad de la medicina.

Más tarde surgieron publicaciones tipo compendio de síntesis de los artículos más descollantes en un determinado momento. Algunas de esas publicaciones asumieron la modalidad de prensa de los periódicos.

En general, las publicaciones exitosas cruzaban las fronteras y atravesaban los continentes y aunque con demora llegaban a nuestras costas por vía marítima.

Sin embargo, por razones sobre todo económicas, la inmensa mayoría de los diferentes tipos de publicaciones, solamente eran asequibles por las universidades o las instituciones con recursos. Muy pocos profesionales podían darse el lujo de adquirir suscripciones para sus bibliotecas privadas. Ello creaba una barrera sobre todo para los médicos alejados de las ciudades y de los centros académicos.

Cuando culminó la Segunda Guerra Mundial (1945) los Estados Unidos construyó de manera masiva hospitales y por ende en las dos décadas siguientes hubo necesidad de abrir las puertas de esos hospitales a médicos de otros países. Ello permitió que los jóvenes galenos de la época vieran que las bibliotecas médicas eran de una dimensión mucho mayor que las que conocíamos en nuestro país. Se puso en evidencia que era imprescindible mejorar los medios de educación médica continua, en ese entonces todos impresos.

A mitad del Siglo XX un grupo de médicos colombianos visionarios, unidos a empresarios asimismo con visión, crearon publicaciones, como Tribuna Médica. Las más duraderas persistieron hasta finales del siglo pasado.

Luego de haber estado un buen tiempo trabajando en instituciones americanas y europeas pensamos en la idea de periodismo científico, con generosas ilustraciones y explicaciones de calidad pero de sencillez ajustada al médico general. Poco a poco la idea maduró y la presentamos a profesores y estudiantes de la Universidad de Harvard, donde nos encontrábamos, para que nos ayudaran a mejorar el modelo. Y con generosidad lo hicieron y nació ILADIBA.

El Día de la Raza en 1985 se hizo el lanzamiento de ILADIBA en Boston y luego en Bogotá. El modelo que propusimos fue exitoso y en pocos años estuvimos en España, Puerto Rico y toda la América continental, hasta la Patagonia.

Por afortunada coincidencia, en ese momento (1985) fue puesto al mercado el primer computador de escritorio apropiado para el diseño y producción de gráficas, de manera que desde el primer día nuestros artículos fueron digitales. Pocos años más tarde vino Internet y nos lanzamos a las ediciones digitales que impulsaron el acceso a las áreas más remotas.

A la revista-periódico se unieron publicaciones bajo la forma de cursos de educación continuada, folletos, manuales, publicaciones para universidades, industria y gobiernos.

Casi desde un comienzo nuestras publicaciones han estado dirigidas no solamente a los médicos y otros profesionales de la salud sino asimismo a estudiantes, público en general (educación en salud), líderes sociales…en fin, hemos tenido un público muy amplio.

Es importante resaltar que la independencia editorial ha sido una norma permanente. De ese modo, nuestra información no es sesgada por razones económicas o intereses de interesados que hayan financiado artículos orientados a fines individuales.

De los 35 años transcurridos desde el inicio, la mitad ha sido de publicaciones virtuales con tecnología audiovisual e interactividad que nos caracteriza.

Creemos haber cumplido con el propósito de llevarle al médico general y a su equipo la actualidad médica y suplir en la medida de las posibilidades la carencia de medios de información y educación médica continuada, en todo el territorio sobre todo de nuestro país.

Esta breve reseña histórica nos llena de orgullo y emoción no solo por la labor educativa general sino porque por nuestra editorial han pasado médicos que hoy son distinguidos académicos, editores y especialistas en diseño médico.

Damos gracias a todos aquellos que con generosidad nos han ayudado en una labor que esperamos que sea la semilla de otros desarrollos, de la mano de los avances en la tecnología y en la medicina. Nuestra historia y la confianza de nuestros lectores nos anima y compromete a continuar entregando educación de calidad en salud.

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