COVID-19 un escenario cambiante

En 100 años la humanidad no ha tenido que enfrentar y en poco tiempo (un año) una pandemia de las dimensiones de SARS-CoV-2, la causa de la enfermedad COVID-19.

Todo parece indicar que el virus de alguna manera se escapó del Laboratorio de Virología de Wuhan, cercano al mercado local, y de allí se dispersó por el mundo con enorme rapidez. Primero atacó los países orientales, luego Europa y finalmente llegó a Estados Unidos y al resto de América. En medio de ese proceso invasivo se extendió por los países del Medio Oriente y de África.

La enfermedad y su miríada de manifestaciones fue inicialmente reconocida en el sitio de origen de donde provinieron importantes publicaciones y experimentos clínicos.

Al mundo científico hay que reconocerle y darle todo el crédito que merece que se haya alistado con una extraordinaria rapidez a la lucha contra el virus, comenzando con definir su estructura y mecanismos patogénicos.

Numerosos laboratorios, algunos puramente comerciales, otros asociados con entidades académicas y otros financiados por grandes filántropos, como Bill and Melinda Gates, se aprestaron a trabajar en el desarrollo de vacunas y de otros medios de contrarrestar al virus.

Ha habido algunos esfuerzos, quizás los más débiles, en el desarrollo, aplicación o modificación de productos farmacéuticos de especificidad o de especial actividad contra el virus, su enfermedad y sus complicaciones.

Quizás, en un principio sobre todo, los gobiernos y las organismos multilaterales de salud fueron lentos en actuar y tomaron en ocasiones rumbos equivocados que luego han sido enderezados. Algunos gobernantes cuyos nombres son bien conocidos tuvieron actitudes equivocadas, por no decir torpes, contra la pandemia.

Es justo decir que en términos de salud pública, el camino tomado en general ha sido apropiado y que la mayoría de los gobiernos serios, han realizado esfuerzos notables y encomiables, sobre todo en cuanto a prevención, educación y ahora vacunación.

Entretanto, en medio de tropiezos, han surgido medios eficaces de combatir el virus como una serie de vacunas de las cuales una media docena están ya en aplicación o en fase III previa a la aplicación.

Es notable que en menos de un año los laboratoriso hayan podido producir vacunas en general bastante eficaces. Se trata de un récord histórico.

Sin embargo, nos hemos encontrado con un virus particularmente hábil para ingeniarse en cambiar de estructura, a través de mutaciones y variantes, que han interferido y están interfiriendo con el éxito de las vacunas. Han surgido mutaciones que le han puesto zancadilla a vacunas que han sido muy promisorias pero que ahora están teniendo problemas.

Los científicos han tenido que devolverse y buscar soluciones como unión de dos modalidades de vacuna, refuerzos periódicos, adaptación de las vacunas a determinadas mutaciones o variantes o a nuevas generaciones en proceso de vacunas.

Entretanto, los inmunólogos no han cesado en sus esfuerzos de dilucidar una enfermedad que siendo primariamente infecciosa tiene la capacidad de trastornar el sistema inmune e inclusive de generar, por ejemplo, autoinmunidad agresiva.

Por otra parte, todos los especialistas han sido llamados a engrosar el ejército de luchadores porque la enfermedad del coronavirus ataca casi todos o todos los órganos del cuerpo y tiene la capacidad de prolongarse en el tiempo con formas crónicas o duraderas de la aflicción.

El problema que encaramos hoy se complica porque con el espectro variable del virus, que ha hecho tropezar algunas vacunas, los epidemiólogos han tenido toda la razón al anticipar que COVID-19 llegó para quedarse y que como la influenza, el sarampión y el VIH estarán acompañando a la humanidad para siempre.

De la horrenda pandemia que estamos padeciendo vamos hacia una endemia de infinita duración que mantendrá ocupados a todos los científicos cuyos campos tengan que ver con la enfermedad.

Sin embargo, no todo debe ser visto con pesimismo porque comenzamos a ver situaciones de triunfo esperanzador como la caída al 30% de los casos en Israel, la disminución de los casos y de la mortalidad en Estados Unidos. En Australia y Nueva Zelanda también ha habido progresos.

No ha cesado la labor de desarrollar terapias potenciales y los laboratorios farmacéuticos tienen más de 300 productos en desarrollo. Los inmunólogos están trabajando en vacunas que van por la ruta de impulsar las defensas. Y se está trabajando en modalidades que buscan corregir las secuelas crónicas como los trastornos cognitivos y de nube o embotamiento mental.

Si la humanidad erradicó el polio, si dominó y previno la influenza, si controló la rabia, si convirtió el sida en enfermedad crónica tratable, si dominó el sarampión, podrá someter al coronavirus 2 y sus males.


Jorge E. Maldonado

  • Editor Jefe Publicaciones ILADIBA.
  • Miembro de Número de la Academia  Nacional de Medicina.
  • Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976).
  • Profesor Visitante Universidad de París VII (1975).
  • Profesor Visitante de la Universidad de Harvard (1985-1987).

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